domingo, 4 de febrero de 2018

espero que te mejores



tan obcecados estáis los señores con haceros señores que no os hace falta ver a la mujer en ninguna parte

y así estamos nosotras, condenadas a constuirnos en relación a los señores, mírame, tócame, ámame, poséeme, haz que exista

nosotras que os hicimos, que os parimos, que os criamos, que os dimos nuestra alma, malditas para siempre a morir sin sentido

y morimos todos los días en todas partes a todas horas de todas las formas por vosotros, por vuestra culpa

¿la culpa? ¿qué sabéis de la culpa? andáis incólumes bajo el sol, porque la culpa es nuestra

no sembráis la culpa, pero sí queréis el perdón y os perdonamos, a generosidad no podréis ganarnos
nosotras, la mitad del planeta, viviendo en las sombras, con veneno en la boca, cegadas también por vuestro implacable empeño en ser más hombres

habláis de nobleza, de libertad, todo lo importante es vuestro, nosotras aspiramos a lo mismo, sólo que también tenemos que reclamar el derecho a seguir viviendo

tenemos que daros las gracias, por granjearnos el paso en vuestros espacios, por respirar vuestro aire, por querer esta tierra como si no fuese nuestra

os empeñáis en veros como nuestro enemigo, no lo sois, os hemos estrechado entre los brazos, a veces, os hemos querido

sin enemigo no hay guerra, nosotras no somos como vosotros, no nos interesa la sangre ajena, no queremos nada vuestro (la propiedad también la inventasteis vosotros)

sólo quiero ser más humana en la luz y no en la sombra en la que me permitís tumbarme si no hago ruido, si apenas respiro

domingo, 7 de enero de 2018

la dialéctica de las cosas

siempre hay alguien que no cree en el movimiento
por eso tiene que encontrar sus coordenadas
en muebles a punto de romperse
o en fregaderos de agua anaranjada

así, abandonar una estancia es fácil
sólo no hay que hacer ruido
no hay que pesar nada
hay que imaginarse ocupando el espacio de una pluma

hoy, este invierno
tiene los techos más altos
para que quepan todas las sombras
que ya no me hablan

su boca es una antena parabólica
que sólo capta la señal de otros sistemas galácticos
el ruido estático puede iluminar el salón
pero no recordarme dónde está la luna

intento pedirle una última canción a la jauría de perros
que duermen en los estancos
es el alquitrán, es el alquitrán, me dicen
que no da cáncer, sólo mata la música

ha llamado mamá para recordarme el carnaval de esta noche
desfilan todos los rostros de los que no sabes cómo despedirte
se moverán ahora más despacio para que les veas
y luego se quedarán a dormir en el techo



domingo, 17 de diciembre de 2017

a óscar, a gunther, menos


data de un día que no tenía diferencia de cualquier otro en un marzo de 2017 
aún guardamos las baquetas

y ya está, ha cesado el redoble

"así, mi tarea es la destrucción"
la odisea de una chica leyendo el tambor de hojalata ha sido ardua y lenta y árida, ¿cuál ha sido la retribución? un niño-hombre con tanta malicia como la que conservan los recuerdos de la infancia que no se dejan consumir, sino que se nutren y se pudren, que rompe cristales con su voz, la historia completa de dánzig o gdansk, un territorio en busca de su identidad, de banderas pisoteadas, de niños que no se hacen hombres, un tambor blanco y rojo que, si bien una chica decide seguir los edictos de la semiótica y ver en un tambor un símbolo, un apéndice extirpado, un son de guerra y de ruinas, suena y suena hasta que se pierde como un corazón de un niño de 92 centímetros de altura (¿tuvo corazón el niño para empezar? ¿no le bastó su corazón en el correo polaco a jan bronski, tan cobarde, tan humano, tan de ojos azules que recuerdan a las olas bálticas, cuando fue acribillado en el correo polaco como lo fueron todos ante otros ojos tan azules como el cielo impertérrito?)

¿qué más, qué más? una caída metafísica, las cuatro faldas, ¡dios, el jesucristo resucitado en el corpus cruel, bendiga las cuatro faldas de mamá truczinski!, una cabeza de caballo, un circo, una maría que no es hermosa, ni es memorable, pero es pura, purísima, hágase en mí tu voluntad, óscar, hágase en mí tu voluntad, dulce burbujeo del efervescente, una luz que sale de una bombilla, la pregunta ¿axiomática, óscar? de quién fue primero, el amor o el pathos, una desesperanza más grande que la que merecen todos los pecadores (todos los matzerath, ¿por qué no decirlo?) en sus espaldas, goethe y rasputín batiéndose en duelo, dos pulsiones viscerales, ¿qué eres tú, óscar?, un músico de jazz (oh, la música, siempre la música, inasible, intangible, inhumana), una traición a un pedazo de hojalata (miles de pedazos si somos muy puntillosos, esa sinécdoque, la parte por todos los tambores del mundo)

ya ha cesado el redoble, el gato, el ratón, los perros me dan absolutamente igual, una ya puede decir con ciertos reparos que no está mal el librillo, es legible, hay mucha blasfemia y mucha violencia indiferente que no es nada nuevo, mucho estadío de las cosas que sobreviven a la tragedia tan apegadas a la existencia, hay un reconcilio final y tú, lector, te preguntas si demasiadas páginas pueden no ser suficientes

una chica puede decir que ya es libre del tambor y de óscar

querido mío, grita ahora en alguna otra parte