sábado, 26 de noviembre de 2011

En realidad, estaba perdida.

Hay un bosque. Lejano y olvidado. Aquel en el que me perdí, aquel en el tú no me encontraste.

Hace frío y está oscuro. Como cuando me fui. Como cuando tenía miedo.

Los árboles tienen las ramas retorcidas como dedos. Recuerdo las sombras con unos dedos como esos. Sombras escurridizas

El bosque está lleno de fantasmas aullantes. Ellos no dan miedo. Porque sólo son fantasmas.

No sé quién soy. Nunca lo supe.

Tengo ganas de arrancarme la piel a jirones y colgarla sobre los dedos afilados. Porque no la necesito, porque así podré escuchar el ronroneo de mis músculos sangrantes.

Escucho ecos, gritos y alaridos. Y eso está bien, porque son una gran orquesta.

Y no queda nada. Sólo está el bosque. Lejano y olvidado

Y yo. La Blancanieves perdida

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